La mente de Venue, diseñada.
Esta propuesta no discute qué inteligencia artificial conviene usar. Discute algo anterior y más difícil de resolver: dónde vive el criterio de Venue una vez que deja de estar únicamente en las cabezas de quienes lo tienen.
Venue resuelve. Esa es la marca puertas adentro y es lo que el cliente compra. Y resolver, en Venue, tiene una forma propia: qué se pregunta primero, qué no se negocia nunca, cuándo hay que levantar el teléfono y cuándo no. Esa forma es el activo real de la compañía.
Hoy ese activo no está escrito en ningún lado. Vive en la cabeza de quien lo tiene. Y eso, que funcionó siempre, tiene tres costos que crecen con la empresa.
Cada consulta que no encuentra respuesta abajo sube. El cuello de botella no es de capacidad: es de criterio. La gente sabe hacer su trabajo, pero ante la duda necesita confirmar contra alguien.
Venue opera en más de dieciséis mercados. El estándar viaja con las personas, no con la estructura: donde hay alguien con años de Venue encima, el criterio está; donde no, se improvisa con buena voluntad.
Cada proyecto deja aprendizajes concretos —qué proveedor respondió, qué salió mal y por qué, qué haríamos distinto—. Hoy quedan en la memoria de quien estuvo ahí. Cuando esa persona pasa a otra cosa, el aprendizaje se va con ella.
No se trata de reemplazar a nadie ni de automatizar la creatividad. Se trata de tomar la lógica con la que Venue resuelve —la que hoy vive en personas— y dejarla disponible para todo el equipo, en todos los mercados, todo el tiempo.
Que alguien en cualquier oficina pueda preguntar y recibir una respuesta con criterio Venue. No una respuesta genérica de una IA cualquiera: la respuesta que daría la casa.
Una mente necesita
un lugar donde vivir.
Y acá está el punto de esta propuesta. Contratar un modelo de inteligencia artificial no es Venue Mind. Un chat suelto no sabe cómo trabaja Venue, no distingue quién le está preguntando, no recuerda lo que se decidió el mes pasado y no deja rastro de nada.
Para que Venue Mind exista de verdad hacen falta cuatro cosas que ningún modelo da por sí solo.
Los documentos, los criterios y la forma de trabajar de Venue cargados como base de cada respuesta, no como un archivo adjunto que alguien se acuerda de mandar.
Quién puede ver qué, y quién puede pedir qué. Un equipo de producción y una dirección general no necesitan lo mismo ni deberían acceder a lo mismo.
Lo conversado y decidido no se evapora al cerrar la ventana: queda en el proyecto y está disponible la próxima vez que alguien pregunte lo mismo.
Qué se preguntó, qué se respondió y en qué se basó. Sin esto no hay forma de auditar el criterio ni de corregirlo cuando se desvía.
El Hub de Uan es la plataforma donde viven los proyectos que corren con Uan. No es un proyecto a construir desde cero para Venue: está funcionando hoy, con proyectos reales adentro. Lo que proponemos es que Venue Mind nazca ahí.
Un evento, una cuenta o un mercado es un proyecto: con su chat, sus archivos y sus instrucciones propias. Uan responde ahí adentro sabiendo dónde está parado.
Uan administra desde arriba y reparte accesos hacia abajo. Cada persona entra a lo suyo. Es la misma estructura que ya tiene Venue, reflejada en el sistema.
Uan no tiene modelo propio: para cada consulta elige la mejor IA disponible y responde con voz de Uan. Cuando aparece una IA mejor, Venue la usa sin migrar nada.
El planteo técnico no es cambiar las herramientas de Venue. Es conectarse a las que ya están funcionando y que Venue Mind las tenga a mano.
Generar briefs, anticipar las preguntas críticas que suelen aparecer tarde y responderle a proveedores con criterio Venue desde el primer intercambio.
El equipo en campo accede a la información crítica en el momento, sin esperar a que alguien conteste el teléfono. Ahí la latencia se paga en vivo.
El mismo criterio disponible en cada mercado donde Venue opera, sin depender de que la persona con más recorrido esté disponible en ese huso horario.
Sistematizar lo aprendido para que quede en la compañía. Cada proyecto deja el sistema un poco más afilado que como lo encontró.
No proponemos desplegar esto en toda la compañía de entrada. Proponemos elegir un evento o una cuenta, montar Venue Mind ahí con el material real de ese proyecto, y medir. Si a los 90 días los números no muestran nada, lo sabemos con precisión y no se escaló nada al pedo.
Tres cosas a medir, definidas antes de arrancar:
Cuánto tarda hoy una consulta interna en tener respuesta, y cuánto tarda con Venue Mind adentro.
Cuántas consultas terminan en el escritorio del dueño porque nadie más pudo resolverlas.
Si la misma pregunta, hecha por distintas personas y en distintos mercados, recibe la misma respuesta.
Antes de prometer integraciones concretas queremos ver de cerca con qué trabaja Venue hoy: CRM, gestión de proyectos, canales de comunicación interna. De ahí sale qué se conecta primero y qué puede esperar.
Esa es la conversación a tener con el referente de IA de Venue. Con ese mapa sobre la mesa, la definición del piloto deja de ser una propuesta genérica y pasa a ser un plan con nombre y apellido: qué proyecto, qué material entra, qué se mide y contra qué se compara.
Venue ya tiene la mente.
Falta darle dónde vivir.
Uan AI · propuesta para Venue Brand Experience
Preparada por Juan Talmasky